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Wampi: El Rey de La Habana que quiere conquistar el mundo.

today4 de diciembre de 2025 9

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En una Habana que vibra entre el caos, el calor, las motos eléctricas y la eterna cadencia del barrio, un muchacho delgado, de risa tímida y voz áspera, decidió que iba a cambiar el juego. Ese muchacho es Wampi, y su nuevo álbum —El Rey de La Habana— es la coronación de una trayectoria corta, pero explosiva, que ya lo posiciona como una de las voces más determinantes de la Cuba urbana contemporánea.

A sus 22 años, ningún otro artista del reparto había logrado lo que Wampi consiguió en 2025: un contrato global con Virgin Music Group, colaboraciones con Los Van Van, Maffio, Cimafunk y Leoni Torres, y una narrativa estética que lo saca del molde típico del reguetón cubano para colocarlo en una dimensión híbrida donde conviven la tradición del son, la irreverencia del trap caribeño y los latidos futuristas de la electrónica latina. Wampi no solo grabó un disco; firmó un manifiesto.

Un título que pesa como un símbolo.

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En entrevistas recientes, Wampi confesó que llamar al disco El Rey de La Habana no fue un gesto de ego, sino un acto de supervivencia. En una ciudad donde cada esquina pelea por imponer su propio sonido, la corona no se hereda: se gana. Y él quiso ganarla con música. Con una mezcla elaborada entre reparto, funk afrocubano, reguetón sucio, pop urbano, R&B latino y ritmos callejeros diseñados para romper el algoritmo, el álbum destella su ambición sin pedir permiso.

El disco reúne 13 temas, y cada uno parece diseñarse como una estampa de la Habana actual: contradictoria, sensual, vulnerable, festiva, dura, resiliente. Canciones como “Rica y To’” o “Qué Bola” (junto a Cimafunk) funcionan como postales sonoras del barrio: divertidas, atrevidas, llenas de pulsión corporal. Mientras que piezas como “La Última” con Leoni Torres revelan un costado emotivo, casi confesional, donde Wampi juega con la vulnerabilidad masculina sin perder la actitud callejera que lo define.

La colaboración más simbólica del álbum es, sin duda, “Chacha”, grabada con Los Van Van. Es un cruce histórico. Una pieza que une a uno de los linajes más importantes de la música bailable cubana con la nueva camada urbana que crece entre pistas caseras y estudios improvisados. Wampi se convierte aquí en la bisagra entre dos Cubas: la de la orquesta y el trombón, y la del sintetizador y el autotune.

Para Los Van Van, abrirle la puerta significó reconocer que la escena urbana no es un fenómeno pasajero, sino la evolución natural del sonido cubano. Para Wampi, significó la bendición definitiva: un espaldarazo institucional que muy pocos de su generación habían obtenido.

La estrategia de Wampi fue clara: Cuba ya no es el techo, es la base. Su música se escucha en Madrid, Miami, Ciudad de México, Bogotá, Buenos Aires. Las cifras no son casualidad: El Rey de La Habana suena a un artista que busca identidad global sin renunciar a su raíz. Hay producción fina, mezcla con estándar internacional y un uso astuto del lenguaje urbano criollo que lo hace fresco incluso para quien nunca ha pisado La Habana.

El sonido que define una generación.

Si algo deja claro El Rey de La Habana es que el reparto ya no es un simple subgénero: es una cultura. Una estética. Una forma de vivir. Y Wampi lo sabe. Por eso no intenta suavizar sus códigos; los amplifica. Su lírica mezcla la jerga del barrio con metáforas generacionales sobre el éxito, la presión, el deseo y la calle. Su flow es rápido, melódico, casi cantado, con un fraseo que recuerda al dembow dominicano, pero con una cadencia habanera imposible de copiar.

En canciones como “Nostalgia”, Wampi juega con una sensibilidad inesperada: habla de pérdida, de distancia, de un país que se siente pero no siempre se entiende. En “Talentosa” —su colaboración con Maffio— explota la fórmula del perreo global con un diseño sonoro mucho más internacional. Rica y To’ es puro desenfreno: un himno de discoteca que ya empezó a entrar en playlists fuera del circuito cubano.

Wampi sabe que su generación está viendo un cambio histórico. Cuba exporta artistas urbanos como nunca. Las plataformas digitales han democratizado el sonido. Hoy, un chamaco con un micrófono USB puede competir con estrellas continentales. Pero muy pocos tienen el magnetismo natural, el oído melódico, la sensibilidad rítmica y la instinto comercial que tiene Wampi.

El Rey de La Habana no es solamente un álbum: es un mapa. Una hoja de ruta para entender hacia dónde va la música cubana del 2025 en adelante. Y si algo queda claro tras escucharlo es que Wampi ya no es solo el rey de una ciudad: es uno de los nombres llamados a dominar la conversación musical latina en los próximos años.

Escrito por Rafael Valdes

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