Gloria Estefan vendió más de 100 millones de discos, ganó múltiples Grammy y ayudó a abrir el mercado anglo a generaciones posteriores: desde Shakira hasta Jennifer Lopez, desde Ricky Martin hasta Bad Bunny. Pero su verdadera revolución fue simbólica.
En una industria que históricamente exigía asimilación cultural, Gloria eligió integración sin renuncia. Cantó en inglés cuando fue necesario, pero nunca dejó de cantar en español. Fusionó lo tropical con lo electrónico antes de que el “latin pop” fuera categoría oficial.
Su música es fiesta, sí. Pero también es memoria migrante, orgullo latino y celebración de la diversidad.
Hoy, cuando la música latina domina el streaming global, conviene recordar que antes hubo una mujer cubana en Miami que decidió llevar la conga al mundo entero. Y el mundo, inevitablemente, bailó.







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