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En la geografía afectiva de la música latinoamericana, pocos artistas generan discusiones tan intensas, tan llenas de contrastes, como Ricardo Arjona. Amado por millones, cuestionado por sectores más ortodoxos de la canción de autor, admirado por su narrativa o criticado por su masividad, Arjona ha construido algo que muy pocos logran: una voz singular, una estética propia y una profundidad que se disfraza de sencillez. Pero detrás de la figura mediática del cantautor guatemalteco existe una dimensión poco explorada en los análisis mainstream: su parentesco emocional y poético con la tradición cubana de la trova y, especialmente, con el espíritu crítico y humanista de la Nueva Trova.
Ese vínculo no se expresa en imitaciones musicales ni en proximidades musicales obvias, sino en un territorio más sutil: las preocupaciones humanas, la mirada sociológica, la sensibilidad frente a la vida cotidiana y una manera de usar la canción como crónica de época. La Nueva Trova Cubana —nacida en los años 60 y 70 con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González y luego renovada por voces como Carlos Varela o Frank Delgado— convirtió la canción en un laboratorio emocional donde poesía, política y vida personal se entrelazaban. Y es justamente ahí donde Arjona, cada uno desde su propio lenguaje, parece dialogar con la isla sin necesidad de vivir en ella. No eres cubano pero desde lo más profundo ojalá lo fueras. No imaginas cuantas lágrima de pueblo se han derramado escuchando tus temas.
Las conexiones más visibles surgen en dos de sus obras más notorias: “Puente” y “Ella y Él”. La primera, incluida en Poquita Ropa (2010), es posiblemente el retrato más sensible que un artista latinoamericano fuera de Cuba ha escrito sobre la fractura emocional entre La Habana y Miami. Con imágenes precisas, referencias directas a la Calle 8, Lincoln Road, El Malecón y la vida en las dos orillas, Arjona construye una crónica que supera lo político para entrar en el terreno del dolor humano. La canción denuncia la ideología que divide y apuesta, sin ingenuidad, por la reconciliación: “Vamos a hacer un puente”, repite como mantra. El mensaje resuena aún más en tiempos donde la diáspora cubana vive nuevas oleadas migratorias y la nostalgia forma parte del día a día.
“Ella y Él”, por su parte, es un guiño explícito a las tensiones entre Cuba y Estados Unidos, pero desde la perspectiva más poderosa que puede existir: el amor. En esta historia, una cubana y un estadounidense logran lo que la política no pudo durante décadas: unirse. Arjona dibuja el choque entre estereotipos, inseguridades, clichés ideológicos y la fuerza que tiene el amor para atravesarlos. Es una canción que, aunque escrita hace años, sigue siendo relevante para nuevas generaciones que buscan narrativas más humanas sobre la identidad y el exilio.
Más allá de estas piezas de contenido social, Arjona ha construido un repertorio monumental que incluye himnos generacionales. “El problema” sigue siendo una obra maestra del desencuentro amoroso, donde la narrativa fluye como un monólogo íntimo con cadencia casi trovadoresca. “Señora de las 4 décadas” desafía los cánones del mercado pop al celebrar la belleza madura con versos que, sin proponérselo, reivindican una estética femenina más real. “Fuiste tú”, junto a Gaby Moreno, es un bolero contemporáneo que combina melancolía, elegancia y una sensibilidad que recuerda al lirismo latino con raíces afrocubanas y centroamericanas. Estas canciones demuestran que Arjona, incluso sin la etiqueta de trovador, posee esa cualidad esencial del género: contar historias que permanecen.
En 2026, el anuncio de su nuevo tour coincide con un momento en que su obra adquiere nuevas lecturas. América Latina vive un periodo de tensiones políticas, desigualdad, migraciones masivas y búsquedas espirituales profundas. Arjona, con canciones escritas hace décadas, parece haber anticipado estos procesos. Temas como la identidad, la pérdida, el exilio, la desigualdad emocional entre hombres y mujeres, la nostalgia y la crítica social vuelven a cobrar relevancia. Es por eso que su regreso a los escenarios no es solo un fenómeno comercial: también es un acontecimiento cultural que permite revisar su repertorio con otros ojos.
Este tour, según adelanta su equipo, incluirá una selección de sus obras más emblemáticas, nuevas versiones de su etapa más narrativa y un rescate especial de las canciones que dialogan con problemáticas latinoamericanas. Para Cuba, para su diáspora y para quienes siguen atentos a la evolución de la canción de autor, este repertorio funciona como un puente emocional entre generaciones: los jóvenes que descubren “Fuiste tú” en plataformas digitales y los adultos que recuerdan escuchar “Animal Nocturno” en casetes o discos compactos.
El vínculo entre Arjona y la tradición cubana también se percibe en su manera de construir personajes. Allí aparece otra conexión con la estética de la trova: la importancia de la metáfora narrativa como espejo social. Al igual que Silvio Rodríguez transformaba la realidad en simbología poética, Arjona convierte historias comunes —una mujer madura, un hombre obsesivo, una pareja rota, un migrante que añora su tierra— en pequeñas novelas musicales que revelan la esencia de su tiempo.
En un continente fragmentado, la figura de Arjona se vuelve singular. No representa a una ideología, no se alinea a un discurso partidista, no se proclama portavoz de nadie. Pero su obra sí acompaña, sí ilumina, sí observa. Y esa capacidad de generar identificación —sin estridencias, sin panfletos, pero con una honestidad que se agradece— lo acerca a la tradición trovadoresca cubana más de lo que cualquier etiqueta permitiría.
Ricardo Arjona no es un trovador cubano, pero su música es heredera de esa sensibilidad que transforma la vida en relato. En su voz, la trova se vuelve pop; en sus historias, la política se vuelve humana; en su mirada, lo cotidiano se vuelve trascendente. Su carrera es un diálogo permanente entre pasado y futuro, entre lo íntimo y lo colectivo, entre Guatemala, Cuba y toda América Latina. Por eso, hoy más que nunca, Arjona no solo canta lo que vivimos: canta lo que somos.
Y su Tour 2026 promete recordarnos exactamente eso. Pero por favor no te olvides de Cuba, su pueblo sufre pero te ama, canta tus canciones y vive tus emociones. Algún día tocarás esa bendita tierra, ese día está muy cerca.
Escrito por Rafael Valdes

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